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El futuro de la basura cero está en la economía circular

Ya uso bolsas de tela para las compras, ¿pero qué sigue? Descubre cómo la economía circular lleva este pensamiento un paso más lejos.

El concepto de basura cero (zero waste) es cada vez más popular. Aún hoy muchas personas lo asocian con un reto que influencers de Instagram y expertos de redes sociales hicieron tendencia. Consistía en reducir tus desechos y reunir los no reciclables en un frasco de cristal (mason jar challenge). Pero hay mucho más detrás de su creciente popularidad. De hecho, se apoya en nada menos que una dramática reestructuración de nuestra economía basada en “extraer, producir, desechar”.

Muchas personas entienden esta reestructuración como la economía circular. Además, participar en el movimiento de basura cero significa adoptar muchos conceptos circulares. Si bien ambos comparten una diversidad de fundamentos, también difieren en varios aspectos. Exploraremos los dos conceptos y por qué el futuro de la basura cero radica en adoptar una circularidad aún mayor.

Cómo la cultura de basura cero aplica conceptos de economía circular

Tanto la cultura de basura cero como la de economía circular comparten la idea de que, para reducir el impacto de los residuos, es necesario trabajar desde el diseño para reducir los desechos de los sistemas existentes. Al mismo tiempo, se trabaja en recuperar recursos valiosos y se garantiza que los elementos contaminantes se mantengan alejados del medio ambiente.

Sin embargo, específicamente hablando del concepto de basura cero, esto significa enfocarse en una jerarquía universalmente aceptada que se amplía en las ya bastante conocidas 3R. Actualmente, la Alianza Internacional Zero Waste define así esta jerarquía:

  • Repensar/Rediseñar productos y materiales para generar menos residuos
  • Reducir el consumo de nuevos productos y materiales.
  • Reutilizar productos y materiales antes de desecharlos
  • Reciclar/hacer compost con productos y materiales y evitar el crear más tiraderos de basura
  • Recuperar materiales de productos que no se pueden reciclar
  • Gestionar los residuos utilizando el mejor enfoque posible visto desde arriba
  • La incineración y los rellenos sanitarios son inaceptables

En contraste, la economía circular tiene una aproximación más sistemática a la forma en que consumimos para diseñar sistemas cerrados que promuevan la circularidad de los recursos. Así se busca eliminar los desechos y la contaminación además de mantener en uso los productos y materiales durante toda su vida útil y regenerar los sistemas naturales.

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La Fundación Ellen MacArthur la define así:

«…reparadora y generadora desde su diseño, [la economía circular] tiene como objetivo mantener los productos, componentes y materiales en su máxima utilidad y valor en todo momento. (…) Es un continuo ciclo de desarrollo positivo que preserva y mejora el capital natural, optimiza el rendimiento de los recursos y minimiza los riesgos del sistema mediante la gestión de recursos finitos y flujos renovables».

Claramente hay mucho terreno compartido entre los dos conceptos. La jerarquía de la basura cero en sí misma actúa como una guía circular para la gestión de desechos. Además, ambos apuntan al concepto de cuna a cuna (cradle-to-cradle) en oposición al de cuna a tumba (cradle-to-grave). Van más allá de simplemente tratar los desechos en el punto final. En cambio, se enfocan en abordar la generación de desechos desde la fuente, es decir, desde su manufactura.

Sin embargo, dado que los conceptos de economía circular son anteriores al movimiento basura cero por algunas décadas, su influencia en el pensamiento de basura cero no puede desestimarse. Hoy en día es justo sugerir que el movimiento basura cero es una rama del pensamiento circular, especialmente dirigido a consumidores y empresas que desean reducir los residuos, mientras que la economía circular abarca todo nuestro sistema de consumo existente.

Cómo las economías circulares pueden potenciar la cultura de basura cero

Curiosamente, la cultura de basura cero puede ser muy atractiva para la mayor parte de las personas. De hecho, este también sería su mayor problema. Con el aumento de la demanda de productos amigables con el ambiente surge un mayor interés de los negocios para satisfacer esa demanda. Invariablemente esto significa que algunos productos son más amigables que otros. Sin una regulación ni un seguimiento cuidadoso de esas afirmaciones no tenemos forma de saber qué productos son mejores para el medio ambiente.

Por ejemplo, la reciente proliferación de los productos verdes tiene el potencial de crear problemas de falsa publicidad verde (greeenwashing). Los productos podrían manufacturarse sin tener en cuenta sus futuros impactos ambientales. El simple etiquetado de un producto como “verde” para atraer a las empresas y los consumidores no es suficiente. Ya sea con buenas intenciones o simplemente como una estrategia de venta, la integración de un enfoque circular más rígido debe convertirse en una prioridad si verdaderamente queremos alcanzar la cultura de basura cero.

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El biocombustible es un buen ejemplo. Hoy en día las plantaciones de palma para producir aceite de palma, que se considera un producto “verde”, son una de las principales causas de deforestación. Este esfuerzo para reemplazar los combustibles fósiles parece una buena idea en la superficie, pero la realidad es que actualmente es un problema ecológico mayor que un enfoque verdaderamente circular podría haber evitado.

Además de las propuestas que no toman en cuenta sus futuros impactos, podría decirse que el movimiento basura cero aún está sumamente basado en mentalidades desechables. En esencia, esto significa que se fabrican demasiados productos que tienen el problema de ser de un solo uso, lo que impone exigencias innecesarias a la infraestructura de gestión de residuos.

Los cepillos de dientes de bambú, por ejemplo, hacen un magnífico trabajo reduciendo los cos casi mil millones de cepillos de dientes de plástico que van a parar a los tiraderos cada año solo en Estados Unidos. Esto atiende un gran problema de desechos con un simple cambio de materiales. Sin embargo, luego de más o menos una década y unos cuantos miles de millones de cepillos de bambú después, éste no es un mucho mejor escenario que el anterior. La mayoría de estos cepillos terminará en vertederos, donde contribuirán a las emisiones de metano, incluso aunque se mejorara la infraestructura de reciclaje.

El verdadero pensamiento circular puede mejorar estos productos. Podría, por ejemplo, producir cuerpos separados y cabezas intercambiables podría reducir significativamente la cantidad de residuos que generan. Aún mejor, volver a los palitos de mascar cultivados naturalmente u otros productos que requieren menos insumos de fabricación y al mismo tiempo se centran en los recursos naturales renovables.

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Lo mismo podría decirse de las botellas de agua hechas de papel para remplazar a las de plástico o las envolturas compostables para bienes que, de hecho, podrían simplemente ser distribuidos sin ningún tipo de embalaje. El movimiento basura cero podría apoyarse aún más en la economía circular mediante la promoción de botellas de agua reutilizables y dispensadores de agua de fácil acceso o, por ejemplo, equipando los supermercados con dispensadores a granel que los consumidores puedan usar para rellenar sus propios recipientes una y otra vez.

El futuro de la cultura de basura cero

En este punto, vale la pena reconocer las cosas positivas que ha logrado el movimiento basura cero. Ha aceptado el concepto de una gestión adecuada de los residuos y la necesidad de reducirlos en todos los niveles. Ha impulsado el crecimiento de productos más sostenibles y ha brindado a los consumidores acceso a más alternativas en el mercado. También ha buscado establecer una jerarquía que es abarcadora y puede adoptarse fácilmente

Sin embargo, al adoptar un pensamiento de alto nivel basado en conceptos de economía circular, el movimiento de la basura cero puede crecer aún más y volverse cada vez más eficiente. De hecho, tiene el potencial de ser el movimiento frontal que impulse una economía verdaderamente sostenible cuya base sea la circularidad.

Finalmente, con una mayor adopción de conceptos relacionados con la economía circular, el movimiento basura cero puede sacudirse a los críticos que lo etiquetan simplemente como otra forma de falsa publicidad verde, al crear un movimiento que no solo promueve productos y hábitos sostenibles, sino que continuamente desarrolla su pensamiento en torno a sistemas cerrados que nos benefician a todos.

Sobre la autora: Shannon Bergstrom es una certificadora LEED y asesora TRUE. Actualmente trabaja en Recycle Track Systems, una empresa tecnológica para la gestión de residuos y reciclaje, como gerente de operaciones de sustentabilidad. Shannon ofrece consultoría sobre prácticas sustentables para el tratamiento de residuos a clientes de todas las industrias.

Traducción del inglés de Norma Alba. Consulta aquí el texto original.

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