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Corea del Sur enfrentó al COVID-19 con Smart Cities

La pandemia derivada de la propagación del coronavirus reveló aquellos países que lograron hacer frente al contagio con tecnología. A simple vista, pareciera que las estrategias dependen del nivel de presupuesto y de las capacidades de resiliencia de las economías nacionales. Sin embargo, una de las sorpresas es que la cultura de la Cuarta Revolución Industrial implementada en estrategias de gobierno, implicó un factor incuantificable a la hora de hacer frente a la pandemia mundial.

El caso de Corea del Sur es ilustrativo de cómo una estrategia basada en el rastreo de contagios y de geolocalización permitió a los ciudadanos tomar decisiones de movilidad basadas en la evidencia empírica. Como gran proeza de Big Data, una colaboración público-privada permitió diseñar mapas de contagio en tiempo real que los coreanos podían ver en todo momento y así evitar acceder a espacios de riesgo. Vía mensajes de texto, los individuos son alertados de casos de contagio contiguos a su movilidad. El gobierno de Corea del Sur monitoreó potenciales contagios usando un rastreo de tarjetas de crédito y del sistema de cámaras públicas.

La reacción más común recae en pensar que la República de Corea tuvo esta capacidad debido al poderío de su ecosistema tecnológico, del cual Samsung es un actor de relevancia mundial. No obstante, la verdadera distinción del país asiático trata de su adopción de valores e ideas propias de la cultura de la Industria 4.0. No fue hasta 2016 que en Davos se decidió tomar la Cuarta Revolución Industrial como tema primordial para las agendas gubernamentales.

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Hay dos factores que explican la adaptabilidad que tuvo el país asiático. El primero de ellos fue la preparación que Corea tuvo desde 2015 cuando hizo frente a otra sepa de Coronavirus, el MERS. Fue una epidemia que tuvo como resultado 186 infecciones y 38 muertes, y que forzó al país a desarrollar sus estrategias de transparencia y de rastreabilidad de contagio. Desarrollaron en respuesta una “Reform of the National Infectious Disease Response System” que previó la posibilidad de obtener datos personales que, en caso de emergencia sanitaria, permiten preferir la seguridad nacional por sobre los derechos individuales. La segunda razón fue el lugar pionero que tiene Corea del Sur en la implementación de Smart Cities.

En teoría, una ciudad inteligente es aquella que implementa una expansión de conceptos de gobernanza tecnológica, que reformula marcos legales y que acondiciona proyectos inteligentes que respondan a las necesidades estratégicas de cada ciudad. En este caso, Corea del Sur lleva una década desarrollando este tipo de innovaciones gubernamentales. Como ilustración están los casos de Gimpo and Namyangju, ejemplos de ciudades del futuro, que han invertido en infraestructuras de datos para la prevención de delitos y la toma de decisiones de políticas públicas. Las Smart Cities permiten rediseñar la idea de ciudad, y así mejorar la calidad de la vida urbana, de acuerdo a objetivos de desarrollo sustentable. En la era digital, las sociedades son hiperconectadas mediante el Internet de las Cosas (IoT), Big Data, Inteligencia Artificial (AI) y analítica urbana. Todo apunta a que la gestión de las catástrofes futuras dependerá del grado de conectividad de nuestras sociedades.

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A mi parecer, la principal virtud de la implementación de tecnologías de Corea del Sur radicó en transformar el fenómeno de la pandemia. Si bien, la mayor parte de los países del mundo han pensado la pandemia como el enfrentamiento de un virus contra la masa de su población, Corea logró transformar la masa en redes localizadas y rastreables de contagio. De modo que la invisibilidad del virus se atacó visibilizando, por lo menos, su localización geográfica. Esto permitió una maleabilidad y una acción mucho más eficaz para reducir los contagios.

Si bien la ilusión del control de la propagación del virus fracasó en la segunda ola y tercera ola sufrida por Corea del Sur en septiembre y diciembre de 2020, no cabe duda que, a poco más de un año de pandemia, el estilo 4.0 de hacer frente a la pandemia es una señal que da ilusión y esperanza. Esperemos que la solución del confinamiento, propia de pensar a la sociedad como una masa poblacional, sea revertida en el futuro cercano y se diseñen soluciones inteligentes que imaginen a la sociedad como una red interconectada y compleja en la que podemos incidir.

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