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El regreso a los eventos presenciales: historias de fotos, máquinas y muebles

Recuerdo cuando tenía 16 años y asistí, por pura casualidad, a la exposición Ligna en Hannover. Ese año visitamos a mis abuelos paternos en Alemania. Ellos vivían en Wolfsburg, en una casita de amplio jardín con cuatro hermosas sillas que cambiaban de lugar día tras día, pues mis abuelos jubilados, buscando un poco de sol, se sentaban afuera a comer sus alimentos por las tardes o a leer alguna revista o novela.

Esa visita anual a mis abuelos era especial pues, meses antes, comencé a desarrollar un gusto por la fotografía. Así, esperando una aventura en la tierra de mi papá, empaqué la Canonflex de mi madre con la esperanza de encontrar algo emocionante qué fotografiar en Wolfsburg.

Y a pesar de que la ciudad de mis abuelos era conocida por su gran industria automovilística, la verdad es que había pocas aventuras en sus calles, pues jamás vi algún auto corriendo a más de 50 km por hora. Sin duda, los autos de la Ciudad de México, que seguro eran muy viejos, iban 10 veces más rápido que en Wolfsburg. Una gran decepción para un fotógrafo buscando acción en la tierra del automovil.

La única posibilidad de aventura se encontraba en los interiores de las grandes fábricas de Volkswagen que, lamentablemente, estaban fuera del alcance de un niño como yo que, además de no saber nada de ingeniería como para hacerse pasar por un trabajador, encima hablaba un alemán medio mocho. Lo único que me quedaba era sacar fotos de mis abuelos y de su jardín.

Tomé muchas imágenes de mis abuelos y de mis papás sentados en las sillas, de sus manos y de sus pies en el pasto. Sin embargo, me di cuenta de que, pasado un rato, mi cámara dejó de prestarle atención a mis queridos mayores y se concentró en las sillas mismas, que tenían una silueta perfecta sólo posible, seguramente, gracias a la mano de un gran maestro carpintero. O al menos eso fue lo que imaginé.

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Sin embargo, estaba en un error. «¿Cómo se hace una silla como esta?», le pregunté una tarde a mi abuela, que era muy curiosa y lo sabía todo. «Las hizo una máquina seguramente», me dijo. Y en ese momento me di cuenta de que, como los autos, aún objetos tan elementales como las sillas estaban hechas por grandes conjuntos de herramientas. Otra gran decepción para un joven artista fotógrafo como yo, que buscaba experiencias auténticas para fotografiar.

Al día siguiente, el vecino de mis abuelos, el señor Walter, nos invitó a todos a una pequeña reunión en su casa. Durante el café, el señor Walter me contó que era un ingeniero mecánico retirado que trabajó en la industria de la madera. «¿Usted se dedicaba a cortar los árboles?», le pregunté. «No, no, en la empresa donde trabajaba hacíamos máquinas para fabricar muebles», me respondió. Seguramente él hizo las sillas de mis abuelos con sus máquinas, pensé. A pesar de esto último, el señor Walter me cayó bien. No era un maestro carpintero, pero me pareció que era lo más cercano a ello.

Al día siguiente, el señor Walter nos invitó a mis padres y a mi a hacer una visita rápida a Hannover. El plan era viajar desde temprano y regresar por la noche. Él iba a ver a sus amigos a una feria de máquinas y, mientras, mis padres y yo, podríamos dar una vuelta por la ciudad. Agradecimos su amabilidad y, al día siguiente, partimos hacia Hannover. Empaqué la Canonflex buscando una aventura.

El señor Walter nos dejó a lado de Strandbad Maschsee y partió en su coche. Convencí a mis papás de separarnos y volver a vernos en ese lugar a las 7 de la noche con el señor Walter. Me hicieron caso y, hora y media después de caminar sin rumbo buscando la foto del año, aparecí en una gran explanada repleta de personas. De pronto, escuché la voz del señor Walter que me habló a lo lejos. Me acerqué a él y me convenció de ir a su exposición de máquinas de madera a cambio de ir a comer algo después. Acepté y entramos a un gran edificio por una puerta que, en letras enormes decía “Ligna”, el nombre de la feria.

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Adentro había un espacio gigante con grandes stands de empresas desconocidas para mí. Había máquinas y personas vestidas como ingenieros explicando el funcionamiento de esos grandes bloques de metal. Caminé solo por los pasillos de la feria por unos minutos y fue entonces cuando encontré espacio para una bonita foto: era el señor Walter abrazando con emoción a unos señores, que eran sus viejos compañeros de trabajo. El momento me pareció muy bonito y disparé la cámara. Al salir, fuimos a comer a un restaurante bávaro y nos encontramos con mis padres por la noche. Una semana después estaba de regreso en México.

Y no fue sino hasta meses después de comenzar mi carrera universitaria, tres años pasados de mi visita a Hannover, que me enteré del lugar donde alguna vez estuve. Un profesor mencionó en clase que la exposición “Ligna” era la mayor feria del mundo en su ramo. “Yo fui cuando era niño con un vecino de mis abuelos”, le dije. “¡Qué privilegio! Si tiene la oportunidad de ir de nuevo, hágalo”, me respondió. Y le hice caso a mi profesor.

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Al año siguiente y con una idea sólida de lo que significa Ligna para muchas industrias y disciplinas relacionadas con la madera incluida la mía, que es el diseño industrial, volví a encontrarme con el señor Walter para visitar Ligna por segunda vez. Le llevé la foto que tomé años antes y me agradeció invitándome de nuevo a comer comida bávara que tanto le gustaba. ¡No hay nada como ver a tus viejos amigos!, me dijo el señor Walter. Desde ese año, intento ir a Ligna regularmente y, aunque ya no me acompaña el señor Walter, siempre lo tengo en mi mente al pisar el enorme piso de exhibición de Hannover Messe.

Hace unos días, Hannover Fairs México y la Afamjal anunciaron el prerregistro para MEM Industrial – Tecno Mueble Internacional, la feria hermana de Ligna en México, dedicada a presentar lo último en la industria de la transformación de la madera y el Mueble. Me dio gusto saber que esta edición 2021 el evento será presencial. Después de un 2020 con tantos sucesos díficiles para el mundo, es necesario un poco de interacción cercana responsable y con las medidas adecuadas, claro está.

Después de tantos años asistiendo a muchos eventos de diversas industrias relacionadas con mi trabajo, me doy cuenta de que, además de las oportunidades de negocios, las conferencias y las grandes máquinas, es en eventos como MEM Industrial, Ligna o la Hannover Messe donde podemos encontrar una vez al años a nuestros viejos amigos, charlar y tomarnos una fotografía para la vida.

Siempre me pregunto si esa visita a Ligna con el señor Walter definió de alguna manera el curso de mi vida profesional. Aún no sé la respuesta.

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